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Deuda Pública. Problema Venidero

 
 
La pregunta sobre si la deuda pública genera riqueza o no es un debate que ha tenido entretenido a los economista por muchos años. Hubo figuras como la del economista checo Schumpeter, quien se decantaba por estipular que la deuda es buena para el crecimiento económico… O más bien podría llegar a serlo en función de quien la posea: pues si el crédito caía en manos del empresario emprendedor para financiar innovación, desembocaría en un crecimiento económico, pero en manos del especulador puede convertirse en una burbuja en el precio de los activos financieros.
 
No se equivocaba Schumpeter, pues gran parte de la riqueza creada a nivel privado en el último siglo ha sido gracias a la deuda (una empresa que pide en un crédito para poner en marcha su negocio y por tanto se genera deuda). Sin embargo, la deuda a la que vamos a hacer referencia en este post es la deuda pública, la que resulta de un desequilibrio presupuestario.

COMO DECÍAN LOS BEATLES, «LET IT BE»

El panorama actual español se halla marcado por una deuda pública que ronda el 98% del PIB. Pero esto no siempre fue así, pues en 2007 ésta se situaba sobre el 36% del PIB. ¿Qué ha pasado para que hayamos pasado a esta situación? Es obvio, la Gran Recesión. ¿Y cómo repercute una crisis en el equilibrio presupuestario? En gran parte a través de los llamados estabilizadores automáticos. Es decir, aquellos componentes que tanto por el lado de los ingresos del Estado (v. gr. IRPF, ligado a la cantidad de población ocupada), como por el lado del gasto público (v. gr. subsidios por desempleo) que actúan sin necesidad de que la autoridad fiscal precise de llevar a cabo actuación alguna. No obstante, dichos estabilizadores no lo son todo a la hora de hablar de política fiscal, sino que será también clave las medidas tomadas en ámbito fiscal con la finalidad de paliar los desequilibrios presupuestarios.
 
El nivel de deuda pública y el déficit español fue noticia hace no mucho ya que España salió recientemente del procedimiento de déficit excesivo (ya no corremos riesgo de ser multados salvo que el déficit vuelva a sobrepasar el 3%  marcado por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento), pero… ahora bien, fuimos los últimos en salir, y no precisamente porque nos haya tomado un tiempo reajustar nuestro déficit  fortaleza, sino todo lo contario: el déficit estructural español se sitúa en torno al 2,5%. Es el mayor déficit estructural de la UEM. Dicho de otra forma, el déficit que tendría España como país descontando el impacto del ciclo económico sería del 2,5% per se. Ni hablar ya del posible efecto de un ciclo económico adverso (véase el cambio de rumbo del equilibrio fiscal ante el estallido de la crisis: ¡de un superávit del 2% en 2007 a un déficit del 11% en 2009!)
 
Lo anterior es preocupante, y más todavía si tenemos en cuenta otra variable que tiene que ver con el crecimiento de la población y las pensiones como es la Deuda Implícita, es decir aquella que no ha sido contraída aún, pero que lo será en un momento determinado, pues está sujeta a hechos certeros (algo que se debería escuchar más es el siguiente razonamiento: a día de hoy no es preciso pagar pensiones a millones de personas de la generación del baby-boom que se jubilarán en los próximos años, pero para cuando llegue el momento en el que se convierta en deber, no sabremos cómo financiarlo). La más considerable es el gasto en pensiones, que salvo reforma histórica, seguirá siendo financiada por Deuda Pública ya que no quedan fondos en la «Hucha de las Pensiones», pues desde 2017 se está financiando con emisión de deuda. Ahora bien… El sistema actual tiene una equivalencia de 2 trabajadores por cada jubilado… ¿Cómo va a ser esto sostenible cuando la situación esté más cerca del ratio 1-1? Quizás habría que hacer algo más que debatir sobre el Pacto de Toledo

¿A FALTA DE REFORMAS ESTRUCTURALES QUÉ OPCIONES QUEDAN?

Por tanto… ¿Cómo afrontar estos niveles de Deuda Pública? No va a ser fácil. Se verán despegar aviones de aeropuertos fantasmas en España antes de ver rebajado significativamente el nivel de deuda. Parece más bien una obligación, seguir generando crecimiento económico como paliativo a los altísimos niveles de deuda pública. Es la mayor arma que se tiene para reducir la Deuda Pública (obviando a las reformas estructurales que debido a la falta de estabilidad política de estos últimos años no se han llevado a cabo), y más aún en un panorama como el actual donde los tipos de interés del BCE están en un 0%, y con expectativas de que así siga en el m/p (los tipos bajos hacen más factible la sostenibilidad de la deuda ya que el pago de los tipos de interés es menor y por tanto la deuda no crece en tal medida).
 
Crecer causaría un doble efecto: en primer lugar, gracias a los estabilizadores automáticos comentados anteriormente, se mejoraría el balance fiscal y rebajamos el déficit (el superávit fiscal no parece factible hasta cuanto menos 2022),  la situación mejora; pero no queda aquí todo: no hay que olvidar que la deuda pública es un porcentaje respecto del PIB, por tanto si aumentamos el PIB, el porcentaje de de deuda bajaría -de hecho en los últimos años se ha estado rebajando la deuda pública en términos nominales (PIB crece=ratio de deuda/PIB decrecre) puesto que en términos reales (netos) ésta se ha incrementado-.
 
Pero no… ni va  ser suficiente con crecimiento económico, ni España va a cercer económicamente eternamente. Es por ello que también será preciso, tal y como señala el reciente estudio llevado a cabo por la AIReF llevar a cabo mejoras en la eficiencia del gasto público. El objetivo de dicho estudio se podría resumir en «cómo podemos gastar mejor para que el efecto sea gastar más». Hay a día de hoy debido al sistema organización territorial un despilfarro importante de dinero público que no se emplea de manera eficiente. Además de ello, desde Bruselas se pide prudencia financiera y ajustes de cara a los siguientes presupuestos para así corregir el déficit. Junto con lo anterior, hay que ajustar la legislación tributaria a los nuevos modelos de negocio que han surgido en la actualidad y que se aprovechan de legislaciones fiscales laxas para pagar menos impuestos: Airbnb, Netflix, Google…

ES TIEMPO DE DEUDORES

No hay que olvidar que los últimos tiempos han sido favorables para los países deudores. Principalmente por el contexto de inflación -suave- que lleva 2 años oscilando por encima del 1%, aunque lejos de confirmar la inflación perseguida por el BCE (la inflación hace que el dinero de hoy tenga más valor que mañana, por tanto aplicando este concepto a la deuda, se estaría también rebajando el valor de la Deuda Pública). Si se tuviera deflación sería lo contrario, y como consecuencia de la variación de precios la deuda se agravaría. Además de ello se suma el hecho de los bajos tipos de interés, lo cual lleva años ofreciendo financiación barata, de no haber sido así, el montante al que tendríamos que hacer frente hoy sería aún mayor.
 
Sin embargo la desaceleración que se espera que tenga lugar en los próximos años augura que dicho crecimiento económico va a ser moderado -sujeto a shocks impredecibles que podrían volverlo negativos-. Es por ello que resulta fundamental llevar a cabo reformas para poder reducir la deuda, pues no olvidemos que con una Deuda Pública cercana al 98%, poco margen se tiene para hacer frente a una recesión. Aún así, no olvidemos que a pesar de haber salido del procedimiento de déficit excesivo, podríamos volver a entrar en éste (véase Italia) si el nivel de Deuda Pública vuelve a sufrir un incremento considerable, pues no olvidemos que somos el cuarto país con mayor ratio de deuda pública de la Eurozona. 
 
Si hay algo certero en estas líneas es que  será necesario llevar a cabo medidas de gran calado, a nivel nacional a través de reformas estructurales y a nivel europeo a través de la aclamada Política Fiscal Única (a nivel europeo), o más medidas para evitar decisiones de localización de sedes de empresas por motivos fiscales (combatir paraísos fiscales – sistemas fiscales laxos). No se puede confiar la sostenibilidad de la deuda al crecimiento económico ya que, tal y como decían los Beatles en forma de título para una de sus canciones, «Tomorrow Never Knows».

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