Los maestros de la sospecha

Es así como se conoce a la terna formada por 3 filósofos que centraron su obra en temáticas diametralmente opuestas pero que sin embargo comparten un elemento común, el cual da nombre a tan sugerente término. Y es que lo que une a Marx, Nietzsche y Freud es la idea de que la conciencia colectiva está enmascarada, o dicho de otro modo, es una conciencia falsa.

Lo interesante desde mi punto de vista son las razones que cada uno esgrime a la hora de justificar dicha transvaloración de los valores. No sería absurdo pensar que los seres humanos tendemos a extrapolar o identificar nuestros propios fantasmas como causa principal de la decadencia de la humanidad.

Así pues, lo que se esconde detrás de la máscara de Guy Fawkes que porta la sociedad sería lo siguiente, según cada uno de los tres maestros de la sospecha:

Para Marx, los intereses económicos. Interesante puntualizar que Karl Marx tiene orígenes judíos y que se crió en el seno de una familia acomodada en el por aquel entonces Reino de Prusia.

Según Freud, es la represión del inconsciente lo que falsea la realidad. Para el padre del psicoanálisis, el bloqueo de los deseos que consideramos inaceptables se proyectan hacia el inconsciente, creando una energía psíquica reprimida. Hasta que nuestra casa se derrumba y gritamos al pueblo de Springfield que no sabe hacer nada a derechas.

Y en Nietzsche, el resentimiento del débil es lo que explica dicha transvaloración de los valores morales. Y es que este concepto lleva su cuño.

Nietzsche, en su obra La genealogía de la moral se plantea cuál es el origen de los principios morales de la cultura occidental, y de cómo estos sufrieron una transformación a causa del cristianismo.

Este concepto se entiende perfectamente con el ejemplo de la significación que damos a las palabras bueno y malo. Nietzsche diferenciaba entre dos tipos de moral: la moral de los señores y la moral de los esclavos. Según el alemán, en un principio la palabra bueno significaba noble o aristocrático, se asociaba a la fuerza. Por el contrario, la palabra malo significaba vulgar o plebeyo.

Con la llegada de la moral cristiana (la de los esclavos) estos conceptos mutaron, se transvalorizaron. Así, en esta nueva moral se defienden valores como el perdón, la caridad o la penitencia, y los impone sobre la soberbia o la fuerza, sobre la moral de los señores.

Por lo tanto, es este resentimiento del débil hacia la clase dominante lo que enmascara los verdaderos y originales valores de la sociedad.

Fin de la filosofía, pasemos a la psicología. Y es que es en Nietzsche donde más nítidamente veo el fenómeno que introduje al comienzo, la extrapolación de los fantasmas internos como causa de los males de la humanidad. No hace falta bucear mucho en su biografía para entender el porqué. Sin duda era un genio. Leyéndolo te preguntas como es posible que alguien haya dado respuesta a cuestiones que tú directamente ni te habías acercado a plantear. Sin duda era soberbio, pues se veía a sí mismo por encima de los demás, y no dudaba en comparar a la mayoría de la población con un rebaño de ovejas, fácilmente manipulable y con valores endebles. La vida del filósofo fue volviéndose cada vez más retirada y amarga a medida que avanzaba en edad, recluyéndose cada vez más en su trabajo.

Interesante pensar cuántos aspectos de la vida no son sino un juego de máscaras. Quizás sea un buen método, por tanto, esperar a escuchar la crítica que cada uno hace a la sociedad para ver que se esconde detrás la suya.

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