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«Política y acción ciudadana, a mi eso no me interesa»

Empiezo por avisar que esta es una entrada en la que solo encontraréis opinión. Todo lo que leáis será subjetivo y será simplemente mi visión de un tema que considero crucial. Por resumirlo y explicarlo más facilmente, esto es como la editorial de un periódico. Opinión basada en experiencia e información. Dicho esto, arranco.

Cada vez con mas asiduidad y en diferentes entornos escucho «A mi la política me da igual», «Haga lo que haga, nada va a cambiar», «Total, para lo que luego hacen…». Quiero empezar mi discurso puntualizando que lo entiendo, entiendo la desidia y el hartazgo de muchos, más aún cuando han sido vehementemente engañados. Ha habido muchos episodios que nos demuestran que podemos ser engañados y que puede valer de poco nuestro voto. Es normal sentirse enfrentado a dicho sistema, y es comprensible querer salir de él. Pero como bien dijo un gran genio: «Las cosas solo puedes cambiarlas desde dentro».

La afirmación «a mi la política no me interesa» es totalmente parangonable a esta otra: «a mi no me importan mis derechos». O por qué no, a esta otra: «a mi me da igual si me suben los impuestos un 40%» o «a mi me da igual si no tengo trabajo». ¿Con esto que os quiero decir? La política, y más en nuestro sistema de participación democrática, es el único instrumento que tenemos para cambiar las decisiones que afectan a nuestra vida somo sociedad. Leer, comprender, pensar, reflexionar y actuar es la secuencia lógica que deberíamos hacer todos ante la casuística de poder decidir nuestro futuro. Sé que lo ves como un acto lejano y meramente utópico y que solo piensas que esto podría ser posible en democracias participativas como Suiza o Noruega, pero déjame darte algunos ejemplos que ilustran mi argumento. Son ejemplos reales, tanto que me han pasado a mi en persona.

  • Granada, 2017, calle Músico José Ayala Canto. Pleno centro de la ciudad, barrio Fígares. Las cuatro arquetas de la calle destrozadas, levantadas y partidas. Un peligro para la ciudadanía y una imagen deplorable de la ciudad. Así estuvieron 2 meses. Cierto día decidí enviar un correo al defensor del pueblo describiendo la situación e instando al Ayto a hacer algo al respecto. Respuesta en 24h y facilitación del mejor canal de contacto. Mensaje y ¡sorpresa!, 10 días después todas las arquetas arregladas y mensaje en mi bandeja de entrada con los agradecimientos de empresa y Ayto.
  • Granada, 2018, Camino de Ronda. En mi habitual recorrido al trabajo por el carril bici de la calle observo que este ha quedado como apeadero de diferentes vehículos por diferentes causas. Mismo modus operandi: correo, explicación, contacto, «recorreo» y ¡Eccoli là! Ronda de la guardia civil todas las mañanas y medios días para asegurarse de la no invasión del carril. Mismo agradecimiento por parte de las entidades públicas.
  • San Sebastián de los Reyes, 2019. Escribo al representante de un partido político al que soy afín explicándole la situación de bloqueo que sufrimos muchos ciudadanos de la localidad con la ciudad de Madrid. Los horarios de metro y bus me parecen carentes de sentido y claramente insuficientes. Dicha persona se pone en contacto conmigo. Le explico la situación de un colectivo y que la mayoría de mis conocidos tienen una opinión muy similar a la mía y la misma problemática. Se realiza una encuesta pública en la web de dicho partido. Gana con una mayoría aplastante la idea que yo transmití. ¡Y voilà! 2 meses después, pleno del Ayto de San Sebastián de los Reyes en el que se somete a votación el cambio de frecuencia y horario de metro y bus para negociarlo con el consorcio de transporte para el año 2020.

Y esto son solo 3 ejemplos de mi vida en los que demuestro que a través de la participación y la movilización podemos conseguir cambiar las cosas que nos rodean. Tenemos la gran suerte de vivir en una sociedad que nos escucha. Cierto es que unas veces más y otras menos, pero hemos de concienciarnos en el hecho de que si nosotros no nos movemos, nadie lo va a hacer por nosotros. Siempre suelo decir la misma frase: Si te das por vencido, serás vencido. Si te das por ganador, ¿Qué es lo peor que puede pasar?

Si me preguntáis el por qué de este post, es muy sencillo: no lo sé. Creo que tal vez es porque me da mucha pena ver que cada vez más, la gente acepta todo lo que le viene y a los que intentamos cambiar algunas cosas nos llaman utópicos, locos o inconscientes. Desde mi entorno profesional a mi ideología política, pasando por mi forma de entender la compensación entre vida personal y social, siempre me han llamado «soñador» o simplemente «fumao». No sé, todo el mundo lo dice como un desprecio, y a mi me parece el mayor de los aprecios hecho palabra. Tal vez sí, sea utópico, loco, soñador, pero estoy muy orgulloso de serlo, y creedme, no pienso cambiarlo.

Gracias por leerme y gracias por los comentarios si queréis dejarlos 😉 ¡Un abrazo y ya sabéis, sed felices! 🙂 


Opinión de Julián Fernández Ortiz (@Jotadoce)

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