Perfil del pájaro del que habla el microrelato

Microrelato – Casa en los días

Un día más en el que salgo de mi habitación. Desde el balcón vítores al odiado y a veces demarrado del amor. Siento a algunas, títeres de la vida que les tocó vivir por temor. Mido en cada rima la distancia de seguridad de tus ojos en mi alma. Has encontrado la calma en un muro. Este no separa, este es apariencia o disimulo. Puede ser la herencia de aquello que dijiste haber dicho ver.

Confundimos solidaridad con aquello que es simple bondad. Cestas de mimbre o pantallas de la estirpe, todos buscan pasatiempo en aquellas olvidadas mar adentro. Sin compañía, la llaman soledad, errándola por osadía. Estar, sentir y parecer se conjugan igual pero no están hermanadas en el diccionario. Letras ordenadas en el vecindario que sirven de muralla de calabozo. Dibujan el esbozo del futuro al igual que trazan el presente con disimulo.

El otro día entró un pájaro en casa. Quería salir. Como todos. Chocando con los cristales tejidos por el miedo veía como se escapaba entre sus alas el poco resuello de esfuerzo que le quedaba. Entonces llegué yo, hasta entonces absorto en mi vida. Recordé lo corto de su tiempo en mi comitiva. Nos miramos. Tal vez me pidió que le abriera el ventanal o tal vez deseaba estar solo. Me acerqué con el recelo de un loco. Despejé el camino de salida. Atinó a dar cabida a su mirada en mis ojos. Voló hasta el árbol más cercano. Desde ese día, siempre tengo un amigo que me brizna el saludo de la mañana desde su ventana.

Viéramos o no el soliloquio de la similitud. Veamos en multitud la soledad o queramos objetivizar el sentimiento de miedo, siempre será confundir aire con viento. Tenemos que cuidarnos sin remedio. Por todas, por ti y por tu abuelo.


Microrelato de Julián Fernández Ortiz (@jotadoce_)
Imagen extraída de secretOlivo.

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