Rubén Martín Moreno frente a un templo asiático.

Estudiar en el extranjero. ¿Qué te aporta está experiencia?

Para ponerte, querido lector, un poco en situación te diré que mi experiencia internacional es un poco variada. Entre viajes y estudios he visitado más de 30 países dentro y fuera de Europa y, actualmente, hablo 5 idiomas (y un poco de francés)

Hoy, sin embargo, no vengo a contarte trucos ni ventajas de viajar (aunque están pendientes en un futuro) sino a hablarte de mis experiencias relacionadas con estudiar en un país extranjero.

La primera de ellas fue un Erasmus. Por si no sabes lo que es, el Erasmus consiste en viajar a una universidad de un país europeo y cursar allí un semestre o un año de la carrera que estás cursando en tu país (si quieres más información haz click aquí). Yo estudio Estadística en la Universidad de Granada (UGR) y en 2015 decidí solicitar un Erasmus. Dado que no es una carrera muy popular los destinos disponibles no eran muy variados, así que al final me decidí por Bari, una ciudad localizada en el sur de Italia.

Mi segunda experiencia estudiando en el extranjero tuvo lugar este pasado año. Recibí una beca de la UGR para estudiar en Shanghai, China, durante 3 meses y medio.

Ahora no voy a contarte mis aventuras, aunque siempre puedes verlas en mi canal de YouTube, sino qué me aportaron estas experiencias. Voy a centrarme en mi experiencia con el Erasmus, aunque si te interesa saber más sobre estudiar fuera de Europa déjalo en los comentarios y escribiré otro post.

ANTES DE VIAJAR

En los meses, semanas y días antes de comenzar estas aventuras los nervios abundan y la paciencia desaparece. Tanto para el Erasmus como para otras movilidades es necesario preparar ciertos documentos: Acuerdo de estudios, seguros, arreglar cuentas bancarias, tarjeta sanitaria, el visado (si viajas fuera de Europa)…

Un sinfín de cosas pueden salir mal pero esta mezcla de nervios, presión e ilusión te vuelven más productivo. En general, basándome en mi experiencia y en la gente que conozco y que ha vivido experiencias similares, durante esta primera fase comienzas a ser resolutivo.

La vida (o la Universidad) te plantea un problema (o una cantidad ingente de ellos) y tú tienes que resolverlos o si no, no te vas. Desde correos en un idioma con el que no estás familiarizado hasta que tu tutor no se reúne contigo para firmarte el acuerdo de estudios.

Estos contratiempos hacen, si no tenías ya esta habilidad, que te vuelvas más eficiente con la gestión de tu tiempo. Si no fuera suficiente con tener clase, academia de inglés, ir a comprar y demás quehaceres ahora tienes que añadir en tu agenda el solucionar todos estos contratiempos.

Sin lugar a duda esta situación, sin que tú lo sepas, te está formando.

DURANTE EL VIAJE

Ya has conseguido firmar y prepararlo todo. Has cogido un avión, tren o autobús y has llegado a tu destino. ¿Ahora qué?

Si no lo habías hecho antes, buscar piso se convertirá en tu principal objetivo. Salvo que conozcas muy bien el idioma del país al que has ido a estudiar, el no llegar a entender a los caseros supondrá tu primera prueba de fuego. En mi caso, ya tenía el piso desde varios meses antes de llegar a Bari. Sin embargo, ciertas reparaciones que tuvimos en el piso tuvimos que gestionarlas en italiano. Spoiler: No teníamos ni idea de italiano.

Es cierto que es un idioma relativamente similar al español, pero cuando estás intentando explicarle a un fontanero que cuando el lavabo se atasca no sale agua de la ducha un poco de mímica no viene mal.

Normalmente, en la mayoría de los programas Erasmus, se ofertan clases en inglés, un idioma que, en teoría, deberíamos conocer todos. Sin embargo, una cosa son los idiomas que hable tu profesor de la Universidad y otra muy distinta aquellos que habla tu casero. Spoiler: El inglés no.

Pero que mi pesimista versión de la realidad no te confunda. Estos primeros encuentros te servirán para practicar un poco del idioma nativo, además de brindarte una opción de ser creativo a la hora de explicar situaciones complejas con un vocabulario muy sencillo.

Esto nos lleva al siguiente punto: El idioma.

Hoy día la mayoría de los jóvenes, y los no tan jóvenes, tenemos un conocimiento en inglés bastante amplio. No obstante, y a pesar de que recibamos las clases en inglés, tenemos que tener en cuenta que no todo el mundo tiene porqué hablarlo en la ciudad donde estemos estudiando. En Italia, por ejemplo, al igual que ocurre en la mayoría de los lugares de España, la gente mayor no tiene un dominio suficiente con el inglés.

Esto presenta un desafío ya que, por primera vez, te sientes vulnerable. Existe una barrera lingüística que hace que tareas cotidianas como ir al supermercado o a la peluquería requieran una atención especial. Sin embargo, si nos lo proponemos, estas situaciones pueden propiciar el aprender un nuevo idioma en un corto periodo de tiempo (como veremos en un futuro post).

Otro bache importante en tu experiencia en el extranjero serán las clases. Como ya he comentado antes, la mayoría de destinos ofertan clases en inglés, aunque no todos. En mi caso estudié en italiano. Cuando empecé a ir a clase, casi un mes y medio después de llegar a Bari, porque me partí el pie, ya tenía un conocimiento un poco más amplio del idioma. Era capaz de entender mucho más de lo que era capaz de hablar.

Al principio era muy frustrante. Podía entender lo que decían los profesores, un 80% más o menos, pero al salir de clase mi cerebro había retenido el 0% de la información. Esto se debe a que tu cerebro está intentando entender qué está diciendo el profesor en lugar de comprenderlo. Piénsalo de esta forma: Cuando estás dando clase en un idioma que comprendes a la perfección no estás intentando entender cada palabra que dice el profesor, tu cerebro las asimila sobre la marcha. Sin embargo, cuando se explica algo nuevo o complejo tus esfuerzos se centran en comprender esa nueva pieza de información. Al estudiar en un idioma que no manejas tus esfuerzos se centran en entender las palabras en lugar de comprender la relación entre ellas.

Fuera del ámbito estudiantil (¡por fin!) se presenta, también, la oportunidad de conocer un montón de gente nueva. Tanto haciendo un Erasmus como cualquier otro tipo de movilidad se fomenta el interactuar con otras personas que se encuentran en la misma situación que tú. Normalmente, en el programa Erasmus existe una gran afluencia de españoles. Esto propicia, a su vez, que se creen fuertes vínculos que pueden durar, si se cuidan, toda la vida.

En el caso de que estés dispuesto a salir de tu zona de confort, cosa que bajo mi punto de vista deberías hacer si estás estudiando en el extranjero, hacer amigos de diferentes nacionalidades puede aportarte más cosas que el estudiar en el extranjero por sí solo, como por ejemplo ayudarte a aprender o mejorar un idioma (como veremos en el próximo post).

MIS CONCLUSIONES

Simplemente querría hacer un pequeño recopilatorio de las cosas buenas (y alguna mala) que me he llevado de mis experiencias en el extranjero:

  • He disfrutado como un niño chico
  • Me he agobiado al no entender nada de lo que me decían
  • He aprendido nuevos idiomas (con diferentes niveles de fluidez)
  • He aprobado (y suspendido) asignaturas que no podría cursar en España
  • He conocido a gente increíble con la que, además, sigo manteniendo el contacto
  • Me han entrado ganas de seguir descubriendo el mundo

Y aquí, querido lector, termina mi primer post en jotadoce.es

Si quieres saber algo más o simplemente comentar qué te ha parecido esta entrada no dudes en dejar un comentario.

¡Hasta la próxima! 😉

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